jueves, 4 de julio de 2013

De poemas impersonales. IX

Blanco pezón de la noche,
que das de mamar amores
y abrigas en tu seno
sueños y deseos del hombre.

Muchos nombres se te dan.
Culturas deidad te proclaman,
hoy los poetas te bajan
sutilmente entre suaves palabras.

De poemas impersonales. VIII

Ha nacido la lluvia
después de dormirse
el celeste prado de posas blancas.

El buey yace
en harinosa tierra,
esperando que su sangre
sea bebida por ésta.

No duerme la montaña,
siempre presente, con
la frente erguida, atenta y pretenciosa.

El mestizo se alimenta
para arrear sin tregua
del temporal, las diarias
leguas de viaje agrícola.

De poemas impersonales. V

De pie escuálidos soñadores.
Beban el negro y amargo,
quizás dulce, fetiche de
la muerta hierba.

Aplastada por el aliento
del gélido hocico
con dientes de arena
y encías de cristal.

miércoles, 3 de julio de 2013

De poemas impersonales. IV

Si fuere la luz oscura,
se celebraría con goce la muerte,
de luto los nacimientos.
Mientras,
los poetas los mismos lamentos.

De poemas impersonales. I

Serpientes blancas anidan en el teatro del sur
y solo una atraca en el muelle de tu vientre,
donde realiza un soliloquio.

Lengua extraña que aprendes por instinto.
Súbito deseo que desencadena mi dormir
que veo hundirse en el pasado.

La Gioconda florece débilmente en tu rostro
sonrisa difusa o pena reprimida,
ojos que no ayudan a entender.

Tortura es el tiempo que escribe en las piedras,
mientras crece la semilla eclipsando tu seno.
El miedo amarra las palabras.

Deja zarpar la leche tibia de tu pecho,
levanta las velas, deja seguir el curso.
El viento lleva pero no guía.

lunes, 17 de junio de 2013

De poemas impersonales. II

Como una semilla que ha caído
en un jardín repleto de amapolas.
Se sembró mi amor,
sin espacio para crecer.


Como un zorzal que para guarecerse
de la lluvia, se refugia en
las fauces del león
y se da a la vida.


Ay amor estúpido, busca cobijo
en casas llenas, donde ni el
corazón de un suspiro
encuentra cabida alguna.


Es la espuma brillante del cielo
testigo del silencio que gobierna
y su pezón blanco el ojo
sincero de la nostalgia.


Es entre el día y la noche,
el nido escuálido de mi amor.
¡Oh Virgilio! ven,
libéralo del limbo.

lunes, 10 de junio de 2013

De poemas impersonales.VII

No canto a un trapo colorido,
ni a sus sectarios sabores.


No canto a líneas por frontera
que nos enseñan a dividir.


Canto por la gente misma
y sus culturas locales.


Canto por la tierra virgen,
el bambú y la araucaria.


Somos tierra en la carne
y carne en la tierra.